El verano no tiene por qué ser una mala época para las personas con enfermedades reumáticas. Al contrario: más luz, más tiempo al aire libre, posibilidad de caminar, nadar o descansar pueden ayudar al bienestar general. Sin embargo, las altas temperaturas, los cambios de rutina, los viajes y el abandono de algunos hábitos también pueden pasar factura si no se toman precauciones. Seguir leyendo.